Historia de Galego Runatótem, druida del Circulo Cenarión

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Historia de Galego Runatótem, druida del Circulo Cenarión

Mensaje  Galego el Vie Oct 16, 2009 1:37 pm

¡Elune’ara hermanos!

Me llamo Galego Runatótem, soy un tauren de Mulgore, Druida del Circulo Cenarión y orgulloso miembro de la Cruzada Argenta.

Mi historia comienza en un poblado en el centro de Mulgore, donde crecí rodeado de verdes praderas, y animales diversos como el majestuoso kodo, el veloz puma, el noble lobo o el aterrador aguijoneador. Como cualquier tauren dispuesto a crecer, superé los ritos de caza de la Madre Tierra para probar mi valía y abrirme camino por el mundo.

Como miembro de la tribu Runatótem, desde pronto sentí la conexión y la curiosidad por la naturaleza de la Madre Tierra, llevándome desde pronto a luchar contra las operaciones de Ventura y Cia. en nuestras praderas, y de alguna manera, imbricando aún más mi espíritu de un profundo respeto y admiración por la naturaleza.

Decidido a convertirme en un druida, acudí a nuestra capital, Cima del Trueno, donde conocí por primera vez a nuestro heroico líder Cairne Pezuña Partida, y a Hamuul Runatótem, el Archidruida de cuya mano iniciaría seriamente mi aprendizaje. Tras recorrer Mulgore por todos sus rincones aprendiendo de la Madre Tierra, Hamuul me creyó digno de viajar al Claro de la Luna, la región del norte de Kalimdor que es hogar del Círculo Cenarion, la organización druídica de Azeroth que lucha por proteger la naturaleza de cualquier peligro que le amenaze.

Tuve que pasar diversas pruebas para ganar su confianza y aprobación, pero finalmente el mismo Rémulos, hijo de Cenarius, me consideró un miembro de pleno derecho del Círculo, y me encomendó la tarea de proteger la naturaleza por todo Azeroth . . . e incluso más allá. Esta admisión también me permitió trabar amistad con los nocturnos Kel’dorei, llamados entre las razas de la horda Elfos Nocturnos, los cuales comparten mi visión de la naturaleza y mis propios fines. De hecho, la enseñanza y el ejemplo de Malfurion Tempestira en su lucha incansable en la pesadilla esmeralda me ha venido sirviendo de continua inspiración contra los numerosos males que asolan Azeroth.

Con la encomienda de Rémulos de proteger la naturaleza como druida cenarion, partí más allá de Mulgore, llegando a las vastas planicies de los baldíos. Fue ahí cuando tuve ocasión de contar mis primerias victorias, despertando a Naralexx de su oscuro sueño que le tenía atrapado en las Cuevas de los Lamentos, y contribuyendo a incrementar la cantidad de sus vergeles así como de hacer retroceder a la amenaza centaura hacia Desolace. En Trinquete vería por primera vez el mar, a la par que los simpáticos goblins. . . cruzando los desiertos arribaría a Orgrimmar, y usando el zepelín crucé el oceáno para llegar hasta la oscura Entrañas. . .

A medida que aumentaba mi experiencia, conocí los más pintorescos lugares de Kalimdor, Lordaeron y Azeroth,he aquí un breve relato de mis aventuras:

(ATENCIÓN, lo siguiente ofrece datos de World of Warcraft, por lo que se puede considerar que hay Spoilers xDD los hermanos de niveles bajos quizás prefieran no continuar la lectura porque pueden descubrir datos sobre eventos que ellos aún no habrán jugado)


Kalimdor :

Explorados los baldíos, ante mí se encontraba la elección de dirigirme al norte o hacia el sur; dado que al norte se encuentran las tierras élficas de Vallefresno, decidí respetar su presencia y pronto dirigí mi exploración hacia el sur. Por los valles encañonados de Las Mil Agujas llegaría a Tanaris, un desierto donde a priori sólo hay algunos goblins, bandidos humanos y troles con la piel resecada por el sol . . .
Pero el desierto encierra muchos secretos, y en Tanaris descubrí algunas tramas que me han acompañado hasta el día de hoy; por un lado, encontrar las antiguas ruínas de Uldum. Ruínas titánicas con un misterioso disco de información que (junto con mi experiencia en Uldaman) me hizo desear conocer acerca de esos titanes terraformadores de la antigüedad. . . pero enlazado con esto, cruzando el desierto hallé dos potentes pilones a la entrada del Cráter de Un’goro. . . Cerca de los pilones al final del desierto observé múltiples insectos silítidos, de la misma manera que proliferaban al sur de Feralas. . . algo sucedía en el rincón suroeste de Kalimdor, la tierra se cubría de una coraza quitinosa pero viva, y los silítidos adoptaban formas salvajes y agresivas. A medida que avanzaba por el cráter aumentaban su virulencia, y al llegar a Silithus, en el Fuerte Cenarión después de investigar la tierra, descubrí la terrible amenaza del resurgimiento de los Dioses Antiguos en Azeroth. . . . C’thun se había reencarnado en Ahn Qiraj, y todos mis esfuerzos se encaminaron en conseguir la derrota de tan malvado ente. Sin duda esta feroz lucha contra los Dioses Antiguos (más adelante he intuido la emergencia de Yogg-Sarón) ha servido para forjarme el firme convencimiento de que son ellos, y no otras amenazas (la legión ardiente o la plaga) los entes más peligrosos de toda azeroth. . .

Lordaeron :

A Lordaeron llegué muy pronto, ansioso de conocer los Reinos del Este, tierras pobladas por los Renegados No Muertos de Entrañas. . . no me sentía cómodo en su presencia, así que pronto abandoné los Claros de Tirisfal hacia el sureño Bosque de Argénteos, donde a pesar de mi rechazo por los No Muertos, fui un leal miembro de la Horda defendiéndolos de los celosos miembros humanos del Kirin Tor. . .
Pero más adelante, al llegar a las Tierras de la Peste, y ver el suelo consumido y la vegetación sufriente por el influjo de la Plaga del Rey Exhánime, no me hizo falta casi reflexión para saber que otra de las grandes amenazas a la naturaleza era esa legión de abominaciones caidas que erradicaban la vida de cualquier lado por el que pasaban. . . afortunadamente, algunos de los más valerosos y bondadosos miembros de todas las razas del mundo, escogieron la determinación de luchar contra el mal agrupándose en el Alba Argenta, y aunque muchos de ellos son seguidores de las deidades de la luz, la ánima común de enfrentarme al mal me hizo unirme a ellos. Combatir al mal como miembro del Alba Argenta, preferenciando las amenazas a la naturaleza como druida Cenarion, desde entonces esa es la guía de mis actos. Grandes batallas realizamos para tomar Scholomance y Stratholme, con la recompensa final de obligar a marchar la temible Naxxramas hacia Rasganorte. . . .






Azeroth :

Mi primera visión del continente de Azeroth fueron las tropicales ( y berberiscas) aguas de Bahía del Botín, en la Vega de Tuercespina. De los tres continentes del mundo fue el lugar donde me hice familiar con la historia de los aspectos, donde aprendí a tratar con respeto y honra a los dragones que protegen nuestro mundo. Por un lado, indagar sobre el sueño esmeralda y su corrupción en el Templo Sumergido del Pantano de las Penas, dónde con horror descubrí la atormentada Sombra de Eranikus, el consorte de Ysera. . .
Y por otro lado descubrir la amenaza del aspecto negro en la Montaña Roca Negra, autentico desafio que me forjó como un aventurero experto al luchar contra múltiples e incansables enemigos, a cada cual más fuerte. . .

También en Azeroth descubrí el mítico Portal Oscuro, y escuchando los ecos de las guerras que resonaban al otro lado, alcancé los restos de Draenor, ahora conocido como Terrallende. . . fabulosas y exóticas criaturas se hallaban al otro lado, pero he de reconocer que me limité a realizar una inspección somera en la mayor parte de los casos. Los miembros de la Expedición Cenarión tienen más experiencia en el análisis de esas criaturas, y con el ataque de la plaga reavivado con la ofensiva de Arthas desde Rasganorte, múltiples peligros exigían mi completa dedicación por encima de los intereses académicos. No obstante, trabaría amistad con algunos pueblos de allí, como los marginados del Bajo Arrabal de Shattrath o los luminosos naaru de Los Sha’atar. . .


En Rasganorte la lucha contra la plaga cobró una nueva dimensión, pero también se produjeron agradables sorpresas. Orgulloso me sentí al conseguir que los Taunka, primos hermanos de los Tauren, se unieran a las fuerzas de la Horda, y pude contemplar como el poder de la Cruzada Argenta hacía retroceder la plaga hasta en la misma Corona de Hielo. . . además, los eventos de la Batalla de Entrañas, me hicieron comprender que a pesar de su alejamiento de los principios de la vida, y aún sin compartir su manera de ser, los No Muertos Renegados son una fuerza leal a la horda, y por lo que a mi respecta he superado el desdén que tenía hacia ellos . . . No termino de aceptar sin embargo a los Sin dorei, su adicción a la magia y su alejamiento del mundo natural no me hace que me caigan demasiado agradables, pero en fin. . . son miembros de la horda. . .

Galego

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